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IV CONGRESO OALDOSIAMO I

ANALOGÍA,

PARONOMASIA, MALAPROPISMO

Y ETIMOLOGÍA POPULAR

(Comentario a unos juegos lingüísticos

de B. Pérez Galdós)

Enma Martinell Gifre

Ltos juegos idiomáticos están presentes en

los pasos de Lope de Rueda1: el criado rústico malinterpreta a su dueño, la negra equivoca

voces familiares, el bobo desatina confundiendo, alterando y obscureciendo voces. Este viejo

recurso cómico del teatro2 aparece en las obras de W. Shakespeare3. Sancho Panza constituye

una fuente inagotable de errores lingüísticos4: la oposición entre la impericia del criado y la

propiedad del amo refuerzan la propuesta de una lengua nacional cabal y perfecta5. Y del

mismo modo que don Quijote corrige a su criado6, doña Lupe, de Galdós, enmienda y enseña

a Fortunata a evitar vulgarismos de pronunciación:

"No se dice arme/as, sino almejas. Hija, hay que irse acostumbrando a hablar como Dios

manda."7

Me propongo analizar un conjunto de ejemplos de fenómenos lingüísticos (analogía,

paronomasia, malapropismo, etimología popular) que Benito Pérez Galdós utiliza en la

manifestación verbal de sus personajes o en su manifestación indirecta a través del narrador.

A esos fenómenos los califico de "juegos lingüísticos".

En efecto, la deformación de voces cultas por asociación entre parónimos, el trueque de

unos términos por otros más transparentes (etimología popular), el malapropismo, son

errores que, al mismo tiempo, constituyen juegos que provocan comicidad. No en vano no

son espontáneos, sino fruto de la elaboración concienzuda de autores consagrados8. La

confusión de Platón no es precisamente inocente:

"A cuenta que ellos se lo pierden; porque usted, ¡hostia!, sería un lince para la

Destrucción pública,"9

como tampoco lo es Francisco de Torquemada en su discurso:

"concluyo con las manifestaciones de mi gratitud por vuestras manifestaciones..., por

este holocausto, por este homenaje magnánimo y verídico."10

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Esta paciente búsqueda del efecto cómico1' es evidente cuando el juego, por si no hubiera

sido advertido por el lector, se pone de manifiesto. Es el caso de:

"... que ya hay bastante libertad, y bastante naufragio universal, y más derechos que

queremos,"12

frase de Torquemada, en cuya cabeza hay una asociación entre el "diluvio universal" y el

"naufragio", alejados ambos términos del más conveniente "sufragio". En la página

siguiente se lee:

"Alguien decía, oyéndole hablar: "Un poco tosco es este tío, pero ¡qué bien discurre! y

"qué ingenioso el chiste de llamar naufragio al sufragio!13

Al lector se le avisa de varios modos:

"... usted no había de faltar, aunque se helara el cero de los terremotos (sin duda quería

decir termómetros)."^

"Pero ¿usted sabe?... Hay en Madrid los grandes ópticos... En el momento de decirlo

conoció el hombre la enormidad de sus lapsus linguae. ¡Vaya, que decir ópticos por

oculistas\x5

Que el "humor y el juego... contribuyan también en determinadas ocasiones a favorecer

la aparición del cultismo"16 resulta patente cuando el mismo "error" aparece en dos obras

diferentes.

Torquemada le dice a su esposa Fidela:

"Mira, Fidela, cada uno tiene su aquel y su ideasingracia, como dice el amigo Zarate,"17

La misma palabra, con una ligera variación, sale de los labios de Tristana:

"Déjame suelta, no me amarres, no borres mi..., ¿lo digo? Estas palabras tan sabias se

me atragantan; pero, en fin, la soltaré..., mi doisingracia."18

Según M. Seco estos fenómenos de transformación de palabras, que él califica de casos

de etimología popular19, se utilizan como recurso cómico. De hecho, he encontrado

"deformaciones" en las que coinciden B. Pérez Galdós y C. Arniches (la referencia a ese autor

procede del artículo que R. Senabre ha dedicado a su lengua20.

En primer lugar, se juega con uno de los componentes de una palabra compuesta. Dice

Torquemada:

"Le contaré a Donoso lo que me pasa y resuelva él mismamente esta... hipoteca, digo

hipótesis, que es como decir lo que se supone."21

IV CONGRESO GALDOSIAHO

"hoy es el universarío, y usted no había de faltar,"22

En segundo lugar, se juega con dos términos del español procedentes de una raíz latina

común, aunque con variación. Es Mauricia la que habla:

"Nada, te casas... porque casarte es tu salvación. Si no, vas a andar de mano en mano

hasta la consunción de los siglos."23

En las obras literarias son frecuentes los personajes caracterizados a través de su

manifestación lingüística como miembros de grupos determinados. Hagamos un breve

repaso: úAuto delasgitanas (1525) deGil Vicente, La lozana andaluza (1528) de Francisco

Delicado -catalanes, gascones y mallorquines-, los Pasos de Lope de Rueda -negros y

gascones-. En ese primer cuarto del siglo xvi, Gil Vicente, Lucas Fernández y Sánchez de

Badajoz utilizan en sus farsas y comedias pastores, personajes rústicos, simples e iletrados

que se manifiestan en "sayagués". Frente a ellos, los clérigos, teólogos y caballeros hablan

en una lengua más estandarizada. En el Viaje de Turquía (1557) hay abundante información

acerca de la convivencia de lenguas, que comporta mezcla, confusión y hasta olvido de la

propia. Siglos más tarde hay personajes de habla dialectal en los saínetes de Ramón de la

Cruz (asturianos en El rastro por la mañana (1770), y en los artículos costumbristas de R.

Mesonero Romanos {El romanticismoy los románticos, 1837). En las novelas de R. Pérez

deAyala (Tigre/uan, 1926; Elcurandero desu honra, 1927) hay personajes que se expresan

en asturiano. Se cuenta con una abundante bibliografía que trata de estas manifestaciones

lingüísticas o de clase en los textos literarios24.

A un personaje de escasa cultura puede corresponderle una manifestación lingüística

deficiente. Al tiempo que la descripción de su atuendo y de sus gestos ayudará a que el lector

se forme la idea de él que pretendía el autor, su forma de hablar delatará su estamento social

y la formación que ha recibido, al margen de su carácter personal. ¿No es eso lo que Juanito

le cuenta a su mujer acerca de Fortunata reiteradamente:

"... la mía... un animalito muy mono, una salvaje que no sabía leer ni escribir. Figúrate,

¡qué educación! ¡Pobre pueblo!"25

"Fortunata no tenía educación; aquella boca tan linda se comía muchas letras y otras

las equivocaba. Decía indilugencias, golver, asín. "26

Por si los calificativos "animal" o "salvaje" no fueran suficientes, añadamos el de "bárbaro":

"... un bárbaro que llamaba cláusulas a las cápsulas, y que cuando se puso el primer

tranvía hablaba de la tripulación de los coches, en vez de decir trepidación!"27

La vulgaridad de un personaje se exterioriza en una lengua vulgar:

"jamás perdonaría a su hermano haber traído a la familia una persona tan ordinaria

como Juliana, que decía diferiencia, petrily otras barbaridades."28

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Con mucha frecuencia, el uso defectuoso de la lengua se reconoce debido a una deficiente

formación, o a la falta de educación:

"...¡Y qué educación la suya, amigo Manso! Escribe garabatos, dicepedrominioy tiene

un cariño a las haches..."29

El autor aprovecha ese rasgo para caracterizar a determinados personajes30, si bien se

excusa al individuo por no ser él culpable de que no se le haya enseñado. Así tranquiliza doña

Lupe a Fortunata:

"No se apure usted (...) Pronunciar mal una palabra no es vergüenza para nadie, y la

que no ha recibido una educación esmerada no tiene la culpa de ello..."31

Torquemada disculpa a doña Lupe, al tiempo que se disculpa a sí mismo:

"Doña Lupe, me acuerdo bien, decía ibierno, decido, Jacometrenzo, palabras que, según

me ha advertido Bailón, no se dicen así... No vaya a creer que la ofendo por eso...

Cualquiera equivoca el discurso cuando no ha tenido principios."32

A menudo se le hace saber al lector que el personaje es consciente de su expresión defectuosa.

Por ejemplo, el narrador se pone en el lugar de Fortunata:

"- ... porque yo soy náu...

Iba a decir náufraga, pero temiendo no pronunciar bien palabra tan difícil, la guardó

para otra ocasión;"33

También Torquemada se corta:

"... para que le saquen el vientre de mal año esos... para... Se le atravesó la palabra,

que, como adquisición reciente, no podía ser pronunciada sin cierta precaución y estudio.

-Parásitos -le dijo Fidela-."34

"-Somos amigos... Tenemos fe el uno en el otro, por cierta compenetración de los caracteres...

¡Compenetración! -repitió Torquemada para sí, apuntando la bonita palabra en su

mente- No se me olvidará.

- ... Supongo que usted creerá leal y sincero, inspirado en un interés de verdadero

amigo, cuanto yo me permita manifestarle.

- Cierto, por la com..., compenetranza..., penetración..."35

El hablante, en su cortedad, no puede repetir la palabra que ha oído:

"Sí, despreciarle, repetía el otro, pues era ignominia solicitar su protección. Aunque le

dieran lo que le dieran, no era capaz Fortunata de decir ignominia."36

o confiesa no conocerla:

IV CONGRESO QALDOSIANO

"— O me caso contigo o me muero. Este es el dilema.

- Tié gracia... ¿Y qué quiere decir dilema!

- Pues esto: que o me caso o me muero."37

"- ...pero yo no soy de su opinión; prefiero los inmuebles. Fortunata apoyó esta idea

con un signo de cabeza; mas no estaba segura de lo que significaba la palabra inmueble,

ni quería tampoco preguntarlo. Ello debía ser lo contrario de muebles."38

Como vemos, el personaje se manifiesta con cautela, conocedor y temeroso de su limitación

verbal. Expongo dos ejemplos, de Isidora el primero y de Torquemada el segundo:

"Ella rebuscaba las palabras más propias, cuidando mucho de no decir un disparate por

donde se viniera a conocer que acababa de llegar de un pueblo de la Mancha."39

"Ponía singular cuidado en todo lo que decía, por no soltar algún barbarismo

gramatical,"40

El personaje se muestra ansioso por aprender:

"Y ella no disimulaba su barbarie; por el contrario, manifestaba con graciosa sinceridad

sus ardientes deseos de adquirir ciertas ideas y de aprender palabras finas y decentes. "41

En cuanto a Torquemada, que sabe que necesita hablar bien si quiere culminar su proceso

de inserción en una clase social superior a aquella de la cual procede, decide sacudirse el

apocamiento que le produce su convencimiento de que no habla bien. No en vano su dinero

le da fuerza necesaria para aspirar a Fidela:

"¡Fuera modestia, fuera encogimientos, que tenían por causa el no dominar la palabra

y el temor de decir un disparate que hiciera reír a la gente! No se reirán, no, que, gracias

a su aplicación, ya había cogido sinfín de términos y los usaba con propiedad y

soltura."42

Pasamos a describir los fenómenos en cuestión.

La etimología popular se describe como un proceso de motivación de los signos de la

lengua43. Afecta a voces nuevas incorporadas al caudal léxico -puede tratarse de neologis

mos-, o afecta a voces no usuales -como tecnicismos o cultismos-. En conjunto actúa en

voces extrañas al hablante común. Esas voces se confunden con otras de aspecto fónico

parecido, no idéntico, y mucho más familiares44. Como resultado de la confusión, el término

más desconocido toma parte de las características fónicas del término conocido45, y puede

producirse también una falsa asimilación semántica. Resultado, todo ello, de la incompren

sión46. Pongamos un ejemplo, es doña Barbarita la que hará mal uso de un cultismo:

"Vamos pasando, hijo... ¡Ay, qué ladrocinio el de esta casa!"47 El ejemplo es interesante.

La sonorización que tiene lugar responde a la analogía con el término ladrón, resultado de

una antigua sonorización del étimo (latro, -onis). Barbarita sabe a qué se refiere, pero le

resulta más familiar una raíz que otra. Se habla de etimología popular cuando la voz

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resultado de ese cruce ha logrado imponerse sobre la inicial, la correcta. Desde un punto de

vista más sociológico, R. Carnicer habla depopularismos*6 cuando se refiere a deformaciones

que pueden ser habituales en un grupo de hablantes, aunque no lleguen a deshancar, en la

norma estándar, el término correcto [altobús por autobús).

Los parónimos son voces parecidas en la forma que se exponen a ser malinterpretadas

o trastocadas. Por lo general son las voces eruditas empleadas por hablantes que no las

conocen las que con mayor facilidad se prestan a esa confusión49. Tal tipo de conexión se

produce en la mente de Torquemada, para quien reasumiendo es una voz digna de usarse,

si bien el contexto en el que más de una vez la inserta requiere la mucho más familiar resumiendo:

"Y reasumiendo: he transigido también con el lacayito para recados."50

"Reasumiendo: es preciso economizar."51

Precisamente la confusión entre resumiry reasumirse, cita como error fácil no sólo en el texto

de R.J. Cuervo52, sino también en un manual de lengua española53. Lo que sí es cierto es que

Galdós, con acierto, atribuye tales errores a los hablantes menos cultos y, en muchas

ocasiones, a hablantes femeninos que han recibido escasa o nula instrucción.

Segunda se equivoca:

"Me puso una cara, chica, cuando le conté la novedad, que parecía un juez de primera estancia. "M

También Mauricia:

"Y todas las tardes pasaba por allí con sujeatón."55

Vemos que se produce un trastueque de sonidos o de sílabas; parecido es el caso de:

"Pero no hay consuelo, ni puede haberlo. Ataquemos, digo, acatemos los designios... "56

Los autores recurren a menudo a \a paronomasia, aproximando voces parecidas fonéticamente

pero de distintos significados; sus diferencias resaltan y producen el efecto buscado57:

" ¡ Dios, qué risas, qué chacota y qué sofoco le hicieron pasar con sus ínsulas de personas

ilustradas!"5*

Lo mismo cuando Nicanora y su marido escandalizan a doña Guillermina:

"- Soy lutera.

-Somos luteranos -dijo Ido sonriendo, muy satisfecho de tener ocasión de soltar aquel

chiste, que era viejo y había sido soltado sin número de veces."59

R. Sheridan, dramaturgo inglés (1751-1816), creó en The Rivals, el personaje de Mrs.

Malaprop, caracterizado por su uso indebido de algunas palabras poco frecuentes en su

IV CONGRESO QALDOSIAT1O

lenguaje ordinario60. El nombre del personaje resultaba de la composición del francés mal

a propos, y el sustantivo derivado malapropismo viene usándose desde entonces para

nombrar el error cometido por la persona que, al querer utilizar una palabra no bien conocida,

la sustituye por otra de composición fonética similar61. Si en el caso de la etimología popular

se crea un término nuevo, variando analógicamente la forma existente pero conservando el

significado de esa forma existente, en el caso del malapropismo hay en la mente del hablante

una situación de homofonía, de homonimia. El locutor tiene sólo una intuición aproximada

de la forma que corresponde al significado que quiere transmitir, de hecho, desconoce

exactamente el significado de la una y de la otra, "pero sabe vagamente que una de ellas

conviene al contenido de lo que intenta transmitir."62

Veamos un caso que Galdós pone en boca de dos personajes femeninos.

Nicanora le cuenta a Jacinta:

"Luego le dio el tifus, y se puso tan malo que estuvo suministrado y creíamos que se

iba."63

Fortunata informa a Rubín:

"No hubo tiempo de suministrarle y sólo le cogió la Unción."64 El malapropismo, pues,

error que implica el uso de una forma incorrecta para el significado que se pretende

transmitir, responde a un conocimiento exclusivamente oral de los signos, que puede

justificar una percepción defectuosa y, como consecuencia, una emisión también defectuosa.

Esa es la razón por la que incurre en él Francisco de Torquemada, que reconoce:

"Ya saben que no he tenido principios, y aquí, para ínter nos, confieso mi desconoci

miento de muchos vocablos, que jamás se usaron en los barrios y entre las gentes que

yo trataba ante."65

El proceso de ascensión social que Torquemada lleva a cabo se plasma en una progresiva

adquisición de cultismos66.-

"llegaban a su nariz tufos de grandeza y de caballería, quiere decirse, de caballerosi

dad..."67

y de locuciones cultas ya tradicionales:

"hasta que cerró la pestaña me tuvo en el suplicio de Tártaro con aquellos disparates. "68

Esta frase constituye un claro ejemplo de cómo Galdós crea comicidad mezclando en una

misma emisión verbal diferentes estilos de lengua, técnica ya advertida69. Por nuestra parte,

ponemos de relieve que ni la locución suplicio de Tántalo ni espada de Damodes, que

comentaré a continuación, están recogidas entre "las locuciones nominales singulares" de

la obra de M.C. Lassaleta70. En el discurso que pronuncia Torquemada (prueba de la

culminación de su aprendizaje lingüístico) hay un aprovechamiento -quizá excesivo- de

una confusión. Este es el texto:

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"... y siempre tendréis suspendida sobre vuestras cabezas la espada de

Aristóteles...{Rumores). Quiero decir... He dicho Aristóteles, porque... {Se ríe,y ríen

todos esperando un chisté) tengo verdadera manía por este filósofo, que es el más

práctico de todos. {Sí, sí.) Es mi hombre; le llevo en el pensamiento a todas horas del

día. Y como tengo para mí que el tal Damocles, el de la espada, era un hijo de tal..."71

El malapropismo tiene unas causas de naturaleza social, pues se da cuando un hablante

pretende elevar su estilo de lengua, usando uno que no le es propio. Pronunciará un término

inexistente o uno confundido, siendo presa de "un sentimiento de inseguridad o inferiori

dad"72. Oigamos a doña Lupe, y a la posterior corrección de Máximo:

"Ha hecho un capitalazo con ese jarabe... no recuerdo bien el nombre; es algo así como

latro-Jaccioso...

- El lacto-Josfato de cal perfeccionado -dijo Maxi-."73

Los términos médicos o farmacéuticos se prestan, quizá como ningún otro tipo de léxico

especializado, a esas chuscas deformaciones con las que Pérez Galdós redondea su trazado

de la personalidad de algunos personajes, al tiempo que crea situaciones de distensión para

su lector. Dos de los ejemplos de que dispongo proceden te. Misericordia, el primero al ciego

Pulido y el segundo a la Pitusa:

"Y a los tres días, muerte natural por calenturas perdidosas."74

"todo el santo día le daban de hora en hora unos sincopieses tan tremendos, que se

quedaba como cadáver"75

Otros dos ejemplos proceden de FortunatayJacinta. En el primer caso hablan unas vecinas

a Fortunata:

"y al tío Manjavacas un ungüento en un tarro largo que Xospitojufito... ¿sabe?, lo que le di yo a

mi niña el año pasado,"76

"A todo contestó Severiana: el doctor había mandado que se le diera doble dosis de la nuezcómica,"11

Las cuatro voces correctas: perniciosas, síncopes, hiposulfito y nuez vómica deben de ser

desconocidas para esos hablantes, y el autor las cambia por formas fonéticamente próximas.

Sólo en un caso, con sincopieses, la deformación es excesiva, al sumarse al alargamiento en

una sílaba la traslación del acento.

No es mi intención citar pormenorizadamente los estudios sobre la lengua de Pérez

Galdós. Por una parte, están los que han puesto de relieve la fuerza de la "palabra" (S.

Gilman, J. Kronik); por otra, están los que han analizado el tono popular de esa lengua (G.

Andrade-J.J. Alfieri, M.C. Lassaleta, T. Navarro Tomás, J. de Onís); por otra más, los que

detallan la utilización concienzuda de un tipo de lengua como elemento configurador de la

personalidad (S. Bacarisse, V.A. Chamberlin, H.B. Hall, D. Lida, R. Ricard, D. Rogers, A.

IV CONGRESO QALDOSIAHO

Sánchez Barbudo, S. Sobejano, W.H. Shoemaker). Otra faceta muy interesante es la

modificación del habla que manifiestan los personajes afectados de determinados trastornos

o, simplemente, con estados de ánimo exaltados, o en situaciones críticas.

El modo de hablar del ciego Almudena en Misericordia es "un mundo idiomático

aparte"78, además de que su ceguera le lleva a gesticular con abundancia.

Francisco de Torquemada va incorporando una "segunda lengua"79, consciente de que

ésa será arma infalible para adoptar la nueva y ansiada personalidad.

Lo que aquí hemos querido mostrar es cómo Pérez Galdós ha prodigado unos recursos

lingüísticamente conocidos y bien definidos, sirviéndose de ellos para caracterizar la

expresión verbal defectuosa, insegura e imprecisa de hablantes poco instruidos (mujeres, en

los más de los casos) pero, obteniendo, al mismo tiempo, una fuente de humor.

Notas

1 E. Veres D'Ocón, "Juegos idiomáticos en las obras de Lope de Rueda", RFE, XXXIV, 1950, pp.

195-237.

2 A. Rosenblat, La lengua del "Quijote", Gredos, Madrid, 1971, pág. 33.

3 S. Ullmann en su Semántica (Aguilar, Madrid, 2.a reimpr. de la 2.i eed., 1972, pág. 130) alude

a la existencia de "malapropismos" en el dramaturgo inglés.

4 A. Rosenblat, ob. cit., pp. 33-35.

A. Alonso, "Las prevaricaciones idiomáticas de Sancho", NRFH, II, 1948, pp. 1-20.

5 R.M. Flores, "Sancho's Rustic Speech", El Crotalón, Anuario de Filología Española, Madrid, 2,

1985, pp. 77-95.

6 M. de Cervantes, £><?# Quijote de la Mancha, Planeta, Barcelona, 1975, tomo II, 7, pp. 624-625.

7 B. Pérez Galdós, FortunatayJacinta, Cátedra, Madrtid, 1983,1, p. 660.

8 I. Román, "Juego lingüístico y endogénesis en las "Novelas Contemporáneas"", Galdós.

Centenario de "Fortunata y Jacinta" (1887-1987), Actas Congreso Internacional, pp. 87-98.

Ms T. Llano Gago, Recursos humorísticos en la obra de Quevedo, tesis doctoral, U. de Salamanca,

curso 1980-81.

C.A. Montaner,"Galdós, humorista"y otros ensayos, Partenón, Madrid, 1969.

M. Nimetz, Humor in Galdós. A Studyqfthe "Novelas Contemporáneas, Yale U. Press, New Haven

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D.F. Urey, Galdós and ihe Irony qfLanguage, Cambridge U. Press, 1982.

T. Aveleyra Arroyo de Anda, El humorismo de Cervantes en sus obras menores, México, 1962.

E.J. Gramberg, Fondoyforma del humorismo de Leopoldo Alas "Clarín", Instituto de Estudios

Asturianos, Oviedo, 1958.

9 FortunatayJacinta, I, p. 347.

10 B. Pérez Galdós, Torquemada en el Purgatorio, Alianza, Madrid, 1967, pp. 442-443.

11 R. Senabre, "Creación y deformación en la lengua de Amiches", Segismundo, Madrid, II, 2

(1966), 1967, p. 271.

12 B. Pérez Galdós, Torquemada en la cruz, Alianza, Madrid, 1967, p. 135.

13 Torquemada en la cruz, p. 136.

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14 B. Pérez Galdós, Misericordia, Hernando, Madrid, 13.a ed., 1976, p. 12 (el ciego Pulido).

15 Torquemada en la cruz, p. 94 (Feo. de Torquemada).

16 J.M. González Calvo, La prosa de Ramón Pérez de Ayala, Ediciones de la U. de Salamanca,

Salamanca, 1979, p. 146, nota. 284.

17 Torquemada en el Purgatorio, p. 347.

18 B. Pérez Galdós, Tristana, Alianza, Madrid, 7.a ed., 1984, p. 111.

19 M. Seco, Arnichesy el habla de Madrid, Alfaguara, Madrid-Barcelona, 1970, pp. 69-74.

20 R. Senabre, art. cit, p. 267.

21 Torquemada en la cruz, p. 144.

22 Misericordia, p. 12 (el ciego Pulido).

23 FortunatayJacinta, I, p. 667.

24 C. Bobes, "El sayagués", Archivos Leoneses, 44,1968;J.E. Gillet, "Notes ontheLanguageofthe

Rustics of the sixteenth century", Homenaje a R. Menéndez Pidal, Madrid, I, 1929; J. Lihani, "Some

Notes on the Sayagués", H, XLI, 1958; J. Lihani, "El lenguaje de Lucas Fernández, estudio del dialecto

sayagués", Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1973; G. Russel, "Valencian in the Sixth Paso of Lope de

Rueda's Deleitoso", HR, XXI, 1953; Ch. Stern, "Sayago and Sayagués in the Spanish History and

Literature", HR, XXIX, 1961; F. Weber, "Latinismos arrusticados en el sayagués", NRFH, 1,1947; L.A.

Santos, Las hablas marginales en la literatura española: morisco, vizcaínoy guineo, tesis doctoral,

U. Autónoma de Madrid, curso 1982-83.

25 Fortunatay Jacinta, I, pp. 205-206.

26 FortunatayJacinta, I, p. 228.

27 B. Pérez Galdós, La desheredada, Alianza, Madrid, 1967, p. 138 (don José Relimpio).

28 Misericordia, p. 298.

29 B. Pérez Galdós, El amigo Manso, Alianza, Madrid, 7.4 ed., 1984, p. 107.

30 R. Senabre, art. cit., p. 268.

J.M. González Calvo, ob. cit., p. 92.

31 Fortunatay Jacinta, I, p. 582.

32 Torquemada en la cruz, p. 88.

33 FortunatayJacinta, I, p. 562.

34 Torquemada en el Purgatorio, p. 281.

35 Torquemada en la cruz, p. 137.

36 FortunatayJacinta, I, 485.

37 FortunatayJacinta, I, p. 495 (M. Rubín y Fortunata).

38 FortunatayJacinta, I, p. 573.

39 La Desherada, p. 85.

40 Torquemada en el Purgatorio, p. 325.

41 FortunatayJacinta, I, 482.

42 Torquemada en la cruz, p. 151.

43 J. Orr, "L'Etymologie populaire", RLR, 18, 1954, p. 131.

44 M. Seco, ob. cit., p. 69.

45 R. Carnicer, Sobre el lenguaje de hoy, Prensa Española, Madrid, 1969, p. 41.

46 V. García de Diego, Lingüística generaly española, CSIC, Madrid, 1951.

47 FortunatayJacinta, I, p. 259.

48 R. Carnicer, Nuevas reflexionessobre el lenguaje, Prensa Española, Madrid, 1972, pp. 255-257.

49 R.J. Cuervo, Apuntaciones críticassobre el lenguaje bogotano, Instituto Caro y Cuervo, Bogotá,

1955, p. 538.

50 Torquemada en el Purgatorio, pp. 259-260.

IV CONGRESO GALDOSIANO

51 Torquemada en el Purgatorio, p. 282.

52 R.J. Cuervo, ob. cit., p. 675.

53 F. Lázaro Carreter, Lengua Española: historia, teoríay práctica, I, Anaya, Salamanca, 1973.

54 FortunatayJacinta, II, p. 456.

55 FortunatayJacinta, I, p. 665.

56 Benito Pérez Galdós, Torquemaday San Pedro, Alianza, Madrid, 1967, p. 547 (Torquemada).

57 F. Marcos Alvarez, Diccionario práctico de recursos expresivos (figurasy tropos), Publicaciones

de la U. de Extremadura, Cáceres, 1989, s.v. paronomasia.

58 Torquemada en el Purgatorio, p. 267 (Torquemada).

59 FortunatayJacinta, I, p. 327.

60 Me remito a R. Estapá, "Una propuesta: el malapropismo", Anuario de Filología, U. de Barcelona,

5, 1979, pp. 257-266.

61 R.M. Flores, art. cit.

62 R. Estapá, art. cit., p. 62.

63 FortunatayJacinta, I, p. 352.

64 FortunatayJacinta, I, p. 486.

65 Torquemada en el Purgatorio, p. 301.

66 M. Nimetz, ob. cit., p. 55.

67 Torquemada en la cruz, p. 107.

68 Torquemada en la cruz, p. 84.

69 D.F. Urey, ob. cit, p. 47.

70 M.C. LdiSSdi\t\.di, Aportaciones alestudio dellenguaje coloquialgaldosiano, ínsula, Madrid, 1974,

pp. 57-60.

71 Torquemada en el Purgatorio, pp. 439-440.

72 S. Ullmann, ob. cit, p. 129.

73 FortunatayJacinta, II, p. 272.

74 Misericordia, p. 103.

75 Misericordia, p. 169.

76 FortunatayJacinta, I, p. 362.

77 FortunatayJacinta, II, p. 181.

78 D, Lida, "De Almudena y su lenguaje", NRFH, XV, 1961, p. 308.

79 D. Rogers, "Lenguaje y personaje en Galdós (un estudio de «Torquemada»)", CH, LXIX, 1967, p. 252.

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